La reseña del libro «Sin dolor crónico en 90 días» de Daniel Twogood explica cómo la alimentación influye de forma positiva en las dolencias crónicas.
Un cambio en sus hábitos alimenticios puede ayudarle a deshacerse de los dolores crónicos. Esto es lo que afirma en miles de ocasiones el doctor Daniel A. Twogood en su libro «No Milk». «Chronic Pain Gone 90 Days» (Adiós al dolor crónico en 90 días) puede convencer a los legos, pero por desgracia detrás no hay un trabajo de investigación riguroso ni se ha escrito con el cuidado que merece este tema.
El autor no se decide entre veganos y vegetarianos y escribe de forma llamativa. Habla de Estados Unidos como el país que más leche y productos lácteos consume por persona; la posición de los estadounidenses varía cada año, pero suele rondar el sexto lugar, si bien la producción total es la más alta, pero repartida entre más consumidores que en nuestro caso. Después de todo, no ha tenido que cambiar sus declaraciones de los últimos veinte años, sino que estas se han visto confirmadas.
El libro nos ilumina sobre alérgenos comunes y posibles sustancias tóxicas que, a menudo, terminan siendo la causa de dolores crónicos.
El doctor Twogood demuestra que podemos mejorar de manera significativa nuestra salud general y ciertos dolores crónicos con un cambio en nuestra dieta y estilo de vida. Evita emplear la palabra «crónico», pues suele utilizarse para denominar estados que nunca van a mejorar.
Sin embargo, habla de la capacidad autocurativa (enlace en inglés) del cuerpo, siempre que esta esté «activada». Esto se consigue con una alimentación y unos comportamientos saludables.
© CC0, hastywords, pixabay | El doctor Twogood nos explica en «NO MILK!» (¡Leche no!, pág. 55, que las sustancias, que causan inflamaciones en el lugar en el que se ha producido una lesión son en su mayoría ácidas: «Si la sangre es ácida debido a la alimentación, la respuesta inflamatoria en caso de lesión es más violenta, es decir, que produce más dolor» |
Wikipedia en alemán sobre el equilibrio ácido-base: La homeostasis (véase también fisiología) mantiene en el flujo de los procesos metabólicos un pH de 7,4 (±0,05) en sangre. Los trastornos en el equilibrio ácido-base del cuerpo producen acidosis (acidez) o alcalosis (alcalemia) y pueden poner en peligro la vida del individuo.
En tampón químico: El valor ajustado del pH se encuentra en 7,4 (7,35-7,45).
La sangre del ser humano siempre es básica.
Las inflamaciones y los dolores son procesos químicos que se producen debido a la presencia de alérgenos y toxinas debido a, entre otros motivos, unos malos hábitos alimenticios. Y así se produce la cronificación.
El autor expone una lista de los alimentos que más habitualmente causan dichas dolencias crónicas. En primer lugar, la primera de la lista, se encuentra la leche y sus productos derivados. En segundo lugar, el chocolate, seguido por el glutamato (enlace en inglés), el gluten y ciertos medicamentos.
El doctor Twogood recomienda consumir productos que no lleven etiqueta nutricional, es decir, productos naturales lo menos procesados posible. Para ello, recomienda seguir una dieta equilibrada que contenga, por ejemplo, frutas, verduras, huevos, arroz, judías, avena (sémola), carne magra y agua.
Índice de contenido
«Do it now» - ¡Empiece ahora!
«Don't Eat Casein» - No consuma caseína
«Don't Eat Chocolate» - No consuma chocolate
«Don't Eat Processed Foods» (MSG) - No consuma productos precocinados
«Just Say No To Drugs» - Diga no a los medicamentos
«Don't Eat Gluten» - No consuma gluten
«Don't Eat Restaurant Food» (MSG) - No coma en restaurantes
«Move Your Body - A Lot» - Mueva el esqueleto todo lo que pueda
«Eat Only These Foods» - Consuma solo estos alimentos
«No Smoking» - No fume
«The Good News» - Las buenas noticias
«More Information» - Más información
Texto de portada
El doctor Daniel A. Twogood practica la medicina en su propia consulta desde hace 30 años y gracias a eso ha descubierto que el dolor crónico no tiene las mismas causas que el dolor agudo.
Si está cansado de pruebas y de tratamientos, busque otra manera de aliviarlos. Lea este libro, muy fácil de comprender, y descubra cómo puede hacer que sus dolores crónicos desaparezcan.
Durante años, médicos y miembros del gobierno nos hicieron creer que la leche era fundamental para disfrutar de una buena salud. Los huesos fuertes y la protección frente a la osteoporosis eran el resultado de una ingesta adecuada. Si no consumíamos suficiente leche y productos lácteos, nos íbamos a marchitar y a morir... Pero esta no es la verdad. En realidad, sucede todo lo contrario.
El doctor Twogood afirma: No pruebe lo que le digo, porque probar no es lo mismo que hacer. Esto se aplica a todo lo que uno lleve a cabo: ejercicios de gimnasia, dieta o un programa propio, para los que uno debe actuar con todo el convencimiento, no simplemente por probar. Porque eso no suele funcionar.
Esto coincide con lo que han dicho al respecto muchos otros autores y estudios científicos. El autor también opina que no hay que aplazarlo si se está convencido de que se puede y se quiere llevar a cabo.
Los estadounidenses consumen calcio, leche y productos lácteos como ningún otro país, según el autor. Por desgracia y, a diferencia de las mujeres chinas, las mujeres estadounidenses padecen osteoporosis con más frecuencia.
Sin embargo, los vegetarianos (aunque en realidad se refiera a veganos) de todo el mundo disfrutan de unos huesos fuertes sin consumir leche, productos lácteos ni ningún suplemento de calcio.
Es necesario informarse bien para poder aprovechar verdaderamente las claras ventajas para la salud y el rendimiento que tienen este tipo de dietas.
La absorción de calcio en el intestino delgado depende de la proporción del mineral con respecto al fosfato, así como de la cantidad de proteína de la dieta. La proporción óptima de Ca/Ph es de 2:1. En una dieta rica en proteínas, el hígado descompone el exceso de proteínas y las convierte en compuestos de urea y nitrógeno. Después, el riñón elimina estas sustancias.
Dado que los compuestos de urea y nitrógeno son diuréticos, nos hacen arrastrar más electrolitos, entre ellos, calcio. La leche de vaca es rica en proteínas y, además de contener un porcentaje elevado de calcio, también contiene mucho fosfato. Su consumo provoca un equilibrio de calcio negativo.
Una alimentación rica en proteínas y fosfatos, sobre todo en el caso de las bebidas carbonatadas, reduce las reservas de calcio en el cuerpo. Para que los procesos corporales tengan lugar de manera óptima, el porcentaje de calcio en la sangre debe mantenerse siempre uniforme. El almacenamiento de calcio en los huesos lo realizan los osteoblastos, mientras que los osteoclastos se encargan de liberarlo.
Cuando se consume mucho calcio, el cuerpo almacena el exceso en los huesos, afirma el autor de manera simplista y, por lo tanto, no del todo correcta. En los países con un gran consumo de calcio, tanto los jóvenes como las personas mayores tienen los huesos muy frágiles. Pero, en este caso, el autor no distingue entre el calcio procedente de los productos lácteos o el de origen vegetal, y ambos dan resultados muy diferentes.
La razón por la que esta situación empeora con la edad según él es que conforme envejecemos vamos perdiendo nuestra capacidad de renovar las células.
Si consumimos demasiado calcio y sobrecargamos nuestros osteoblastos, estos enseguida se quedan paralizados.
Cuando consumimos productos lácteos, sobre todo leche de vaca, tenemos que tener en cuenta que la leche de los mamíferos contiene caseína. Las fuentes de energía en los alimentos son las proteínas, las grasas y los hidratos de carbono.
En la leche, el problema para los dolores no lo representa el porcentaje de grasas o de hidratos de carbono, sino la caseína. Por ejemplo, la mantequilla se elabora a partir de la grasa de la leche y no contiene caseína; sin embargo, la leche semidesnatada y la desnatada, sí. Esto se debe a que el problema lo suponen los ácidos grasos.
La intolerancia a la lactosa no es lo mismo que la alergia a la leche. Ambas pueden darse de forma independiente o simultánea.
Una alergia a la leche no se soluciona con el consumo de leche sin lactosa, ya que esta todavía contiene la sustancia responsable de la alergia, que es la caseína.
Para deshacerse de los dolores crónicos debe evitarse la caseína, ya que se trata de uno de los alérgenos alimentarios más comunes (intolerancia a los alimentos).
Las enfermedades provocadas por la caseína se enumeran en las páginas 12 a 15. Algunos ejemplos de fuentes de caseína bastante desconocidas (y escondidas) son el caseinato de sodio en Cafee crème o los batidos de fruta con leche o proteína en polvo (batidos de proteínas, etcétera).
A continuación, nos encontramos con algunos ejemplos de enfermedades y problemas que, a día de hoy, todavía no se han ligado a la leche. Debería haber añadido motivos para darles más credibilidad. Uno de los ejemplos que expone es el síndrome del túnel carpiano. La explicación la encontrará en su libro «No Milk» (¡Leche no!) (pinche en el enlace para acceder a nuestra reseña en español).
Para evitar la caseína, no consuma leche, productos lácteos ni productos elaborados o derivados del caseinato de sodio o del potasio (lista en las págs. 16/17). La mayonesa, la mantequilla y el huevo no contienen caseína.
El chocolate es el alimento que más propicia la aparición de dolores. Una pequeña cantidad ya puede provocar molestias. Según el autor, todas las personas sensibles a la caseína que contiene la leche reaccionan de la misma manera al consumo de chocolate, sin importar que este sea blanco, con leche o negro, según el autor.
Por el libro «No Milk» sabemos que todos los tipos de chocolate llevan azúcar y cacao. El chocolate con leche lleva, además, leche. En el cacao encontramos teobromina, un estimulante que, junto con el azúcar, provoca dolores fuertes y que, combinado con la leche, conforma el alimento que más propicia la aparición de dolores. (Doctor Daniel A. Twogood, «NO MILK!», pág. 100).
Alfred, un amigo de Canadá, me escribió:
Mi esposa lleva muchos años padeciendo artrosis, también conocida como osteoartritis. Por este motivo hicimos un estudio intensivo en Internet (que llevó al doctor John McDougall y a otros a interesarse por el tema). Gracias a la «elimination diet» (dieta de eliminación) propuesta, ella se dio cuenta de que todo lo que contuviese lácteos o productos lácteos de algún tipo, aunque fuese en cantidades muy pequeñas, le provocaba dolor en las articulaciones. Por desgracia, también sucedía con el chocolate. ¡Mi paladar se alegra!
Esto prueba que, aunque algunos sufran por comerse una sola porción, otros pueden comer todo el chocolate que deseen sin padecer ningún tipo de efecto adverso (o que se pueda asociar).
Es hora de que los médicos empiecen a preguntarle por lo que come
, afirma el autor al principio de la página 101. Pero esto no deja de ser más que un deseo, pues los propios médicos en general no saben mucho sobre nutrición. No se contempla en su formación.
El glutamato monosódico y el aspartamo pueden provocar dolores. El glutamato monosódico (GSM o MSG en inglés) es un potenciador del sabor y hoy en día se puede encontrar sobre todo en los productos precocinados. Véase también el ácido glutámico.
Las algas contienen de forma natural glutamato monosódico, algo que los japoneses descubrieron hace miles de años. En el año 1909, Kikunea Ikeada consiguió separar el componente químico responsable del intenso sabor, el aminoácido glutamato que, combinado con sodio, da lugar a un tipo de sal. Después, consiguió la patente de este descubrimiento.
Hasta 1948, los japoneses no encontraron comprador para el glutamato monosódico. Solo resultó de interés para la industria cuando se aseguró que uno de sus «efectos secundarios» era su capacidad de quitar el regusto a lata de las comidas envasadas.
Las dendritas (apéndices celulares), que son las responsables de enviar los impulsos a otras células nerviosas, también sufren grandes daños. Cuando el sistema nervioso central se ve afectado, puede producirse cualquier tipo de fallo neurológico. Estos pueden ser dolores generalizados, trastornos digestivos, de memoria y de concentración, así como cambios de humor o demencia.
El alcance de las toxinas (sustancias tóxicas) depende de la dosis: si las toxinas llegan por ingesta, inhalación o inyección en el torrente sanguíneo, tienen acceso a los órganos. Pequeña cantidad = ligera reacción; gran cantidad = reacción grave o muerte.
© CC-by-sa 3.0, Fritz Geller-Grimm, Wikipedia | La imagen muestra el jugo venenoso de la Euphorbia (la euphorbia pulcherrima es menos venenosa). Dudo que la imagen sea de una Euphorbia, ya que esta proviene de Indonesia (Patikan jawa merah) y tiene otro aspecto. |
Las especias puras, como la sal, la pimienta, el hinojo, el comino, el apio o el romero, entre otras, no contienen glutamato. Los fabricantes de alimentos esconden el glutamato detrás de denominaciones como proteína hidrolizada, extracto de levadura, aromatizantes, especias o derivados de proteína. Si un producto precocinado lleva la etiqueta «sin potenciadores del sabor», entonces es bastante probable que sea verdad. Sin embargo, si afirma que «no contiene potenciadores de sabor adicionales», el producto contendrá glutamato o similares, que en realidad no aportan nada al alimento.
El aspartamo se encuentra sobre todo en productos de dieta/light, (enlace en inglés) limonada (enlace en inglés) goma de mascar y edulcorantes. Aunque no es azúcar, estimula las papilas gustativas para el dulce, es decir, que produce algo así como una alucinación sensorial, pero no aporta calorías. La creencia de que el aspartamo es perfecto para perder peso es falsa.
Por lo tanto, evite productos cuyo envase tenga una etiqueta con información nutricional. Muchos aditivos alimentarios, como el glutamato o el asparatamo, son poco saludables o, incluso, peligrosos, tal y como demuestran algunos estudios realizados con animales. Sin embargo, las autoridades alimentarias los consideran seguros. (Enfermedades pág. 23/24).
Los medicamentos son venenos potenciales que, además, perturban un sistema ya de por sí desequilibrado.
Nota: Sin embargo, la práctica es muy diferente, ya que resulta muy complicado encontrar la raíz del problema. Además, la mayoría de los pacientes no estarían a favor de renunciar a uno de sus alimentos favoritos.
El colesterol también lo produce el cuerpo, que vierte la sustancia en el torrente sanguíneo para que, entre otras tareas, se ocupe de reparar los vasos sanguíneos. Sin embargo, si se come o se bebe demasiada proteína animal (carne, leche, etcétera), el cuerpo se ve dañado, al menos cuando el nivel de colesterol en sangre supera al de una persona vegana media. Sufre, incluso, aunque se encuentre dentro de los parámetros normales con los que la medicina mide a la «población sana». A partir de un determinado nivel, el colesterol alto se conoce como hipercolesterolemia.
Las personas reaccionan genéticamente de forma diferente al colesterol de los alimentos. Además, la producción propia también varía según la genética. Pero el autor se limita a afirmar: evite alimentos creados para reducir los niveles de colesterol, pues pueden provocar dolores crónicos. Para conseguir los mismos fines, cambie sus hábitos alimenticios.
Enumera los productos y se refiere a los efectos secundarios típicos, como debilidad o entumecimiento en piernas y pies.
Asimismo, el autor afirma que las estatinas probablemente reduzcan la presión arterial (a veces, demasiado), pero no disminuyen el riesgo de padecer problemas cardiovasculares, como cabría esperar. Además, las estatinas pueden provocar dolores musculares y daños hepáticos.
Destacan: las semillas de lino que incluimos, por ejemplo, en nuestro Erb-Muesli sin gluten para desayunar, que además tiene una elevada proporción de ácidos grasos omega-3 y fibra, las alcachofas y el ajo, que ayudan a mejorar el nivel de colesterol en sangre y, al mismo tiempo, reducen la ingesta de colesterol. La otra medida necesaria es hacer deporte.
© CC-by-sa 3.0, Bobtheowl2, Wikipedia | Hay enfermedades que dependen de que la persona reduzca el consumo de una sustancia. La más habitual es la hipercolesterolemia familiar, que tiene una frecuencia de dos personas por cada mil. |
Los alérgenos o toxinas presentes en la sangre producen inflamaciones, lo que a su vez daña los vasos sanguíneos. El tabaco produce numerosos problemas de salud, entre otros, la inflamación de las arterias. La principal causa de la inflamación arterial es la xantina oxidasa. La xantina oxidasa se encuentra, por ejemplo, en la membrana celular de las grasas de la leche.
Durante el proceso de homogeneización de la leche, la grasa que esta contiene se aplasta a alta presión para unificar su tamaño. De esta manera se consigue que la leche tenga menos crema.
En un principio, la grasa de la leche es más grande y variada. Esto hace que las enzimas digestivas puedan dividirla mejor y que liberen xantina oxidasa. Después, los intestinos destruyen la grasa de la leche ya dividida.
En la leche homogeneizada, la grasa de la leche es uniformemente grande, por lo que las paredes intestinales la absorben sin que haya separación previa y, con ellas, la xantina oxidasa que contienen, que pasa al torrente sanguíneo. La xantina oxidasa corroe las paredes de los vasos sanguíneos hasta crear agujeros.
Para reparar el daño, el organismo manda más colesterol al torrente sanguíneo.
Un tratamiento con estatinas para reducir el nivel de colesterol puede significar una reparación insuficiente de los problemas en los vasos. En el caso de "Fosam..", un medicamento para tratar la osteoporosis, se reduce la actividad de los osteoclastos. Esto es un error, pues el cuerpo necesita los osteoclastos para enviar calcio al resto del cuerpo en cualquier momento.
El secreto para mantener los huesos fuertes se encuentra en estos tres puntos: reducir la ingesta de proteína, no consumir bebidas carbonatadas y caminar de forma habitual.
La osteoporosis y los niveles altos de colesterol se pueden evitar. Se nos ha vendido que los problemas anteriores solo se pueden tratar con medicamentos. En realidad, la solución pasa por una alimentación saludable y realizar suficiente ejercicio con cargas para los huesos.
El gluten es el segundo alérgeno más común, solo por detrás de la caseína. La mayor parte de los problemas digestivos se deben a la caseína que contienen la leche y los productos lácteos y al gluten, que según Twogood se encuentra en el trigo, la cebada, el centeno y la espelta.
Sin embargo, la espelta verde (espelta recogida cuando todavía no está madura, enlace en alemán), el trigo khorasan (enlace en inglés, una variedad antigua del trigo) o híbridos del trigo duro como, por ejemplo, el kamut o el triticum monococcum (pequeña gluma) también contienen gluten.
Todos aquellos que quieran evitar los cereales encontrarán recetas con quinua, mijo, semillas de lino, sésamo, trigo sarraceno, etcétera, como el Erb-Muesli, que no contiene gluten ni lactosa.
Que la leche de vaca no sea beneficiosa para los humanos es lógico, pues la vaca produce la leche para sus terneros. ¡Pero el trigo es el pan nuestro de cada día!
El trigo original, procedente de Oriente Medio, era beneficioso para los seres humanos. Sin embargo, el trigo se ha modificado a lo largo de los años mediante mejoras vegetales.
En 1950, Norman Borlaug consiguió cultivar un «trigo de alto rendimiento» que le llevó a recibir el Premio Nobel.
Sin embargo, son muchos los consumidores que no toleran esta nueva especie. Con ella, exceden la tolerancia al gluten y poco a poco van dañando su intestino delgado. Además, el incremento en el consumo de productos elaborados con cereales, como pan, masas o pizza, hacen que la intolerancia al gluten sea ahora cuatro veces más frecuente que en 1950. (Enfermedades pág. 34, abajo).
Las alternativas al gluten ricas en almidón se proponen en la página 34.
Al respecto solo hay una página con algunas frases clave como: La comida preparada por terceros es peligrosa para la salud
o para ser consciente de qué ingredientes lleva, lo mejor es preparar la comida en casa
.
Para evitar los dolores crónicos, no hay que dejar de moverse, pues la inmovilidad produce complicaciones. Hay incluso algunos consejos sobre cómo mantenerse en movimiento, aunque se tenga un trabajo sedentario.
La frase principal probablemente sea: Hay que andar para poder disfrutar de la vida. Siga caminando y siempre podrá hacerlo
.
Este apartado también contiene solo una página (39) en forma de lista: frutas, verduras, arroz, pasta de arroz, alubias, huevos, frutos secos sin sal, carne magra, copos de maíz sin especias, patatas fritas sin especias, copos de avena o gachas
Las gachas (enlace en alemán) se elaboran con sémola gruesa. En este caso, no es de trigo, sino de maíz. Las gachas (enlace en alemán) de maíz son muy populares en los estados del sur de Estados Unidos. Son similares a la polenta.
La mayor parte de la población no es capaz de dejar de comer carne, que no suele ser perjudicial en pequeñas cantidades, aunque él también la menciona. Quienes se preocupen por el bienestar animal y del medio ambiente probablemente sí que puedan dejarla... |
En cuanto a las bebidas, el doctor Twogood menciona: agua, infusiones, zumos de frutas, leches vegetales, es decir, de arroz, almendras, coco o soja.
Con esta lista quiere ofrecer a la población algo que probablemente sí sea capaz de hacer, pues una dieta más estricta no funcionaría. Sin embargo, llama la atención que no mencione el pescado. También habla de distintos tipos de semillas que, por ejemplo, aportan ácidos grasos saludables, como sucede en nuestro Erb-Muesli.
En la página 40, el autor afirma: inhalar el humo del tabaco afecta negativamente a todo
. De forma sarcástica, afirma que el cuerpo de un fumador no obtiene suficiente oxígeno hasta mucho más tarde, cuando le obligan a llevar un respirador.
De esta manera, alude a las personas que sobreviven al tabaco sin pasar por un cáncer, pero cuyo sistema está tan dañado que necesitan recibir oxígeno directamente para poder seguir viviendo.
Parece que esto solo son los aditivos, pues tuvo que mencionar incluso el chocolate como una de esas sustancias. La industria tabacalera, por supuesto, ha mejorado el sabor de los cigarrillos para que muchas personas no sean capaces de dejar de fumar. Aunque sean enfermos crónicos.
La mayoría de los dolores crónicos se pueden aliviar evitando la leche, los productos lácteos y el chocolate. El gluten y los medicamentos también son causa habitual de dichos dolores, pero en general, menos comunes.
Afirma que hay que consumir un alérgeno durante una semana para que este llegue al torrente sanguíneo y, de ahí, a los órganos.
Por lo tanto, el posible alérgeno debe consumirse menos de una vez por semana.
Las alergias no dependen de la dosis. Un consumo semanal ya desencadena una reacción que puede llegar a durar hasta una semana. El 20 % de las personas con sensibilidad a la caseína tienen una alergia fija y reaccionan con cada exposición. Por lo tanto, es importante averiguar a qué es realmente alérgica una persona.
Si se ha descubierto definitivamente el alérgeno, no debería tener ningún efecto crónico tras 90 días de abstinencia, siempre y cuando no se consuma más de una vez a la semana. Esto se debe a que el efecto dura algunos días y la repetición podría producir acumulación y terminar afectando, aunque el alérgeno de primeras no haya actuado.
Así pues, la buena noticia es que no se tiene por qué prescindir de determinamos alérgenos durante toda la vida para evitar los efectos crónicos, aunque sí que es cierto que sería la mejor opción.
Sabemos que, individualmente, pueden producirse alergias a otras sustancias como, por ejemplo, las bayas, aunque no se encuentren entre los problemas enumerados. Un solo consumo puede tener efectos potentes y ser muy peligroso. Por lo tanto, en esos casos no podría plantearse la acumulación.
Aunque no reaccionemos de manera significativa a un alérgeno o a una toxina, las inflamaciones constantes y subclínicas que se producen a lo largo de los años producen cambios y daños en los tejidos que se identifican cuando los daños ya no son reversibles.
El daño que provocan algunas sustancias tóxicas, como la nicotina, el alcohol, el monóxido de carbono, la cafeína, el GMS, el aspartamo y los medicamentos dependen, por consiguiente, de la cantidad. Lo mismo sucede con las estatinas. Si, por ejemplo, uno sabe que un restaurante no utiliza GMS, es decir, potenciadores de sabor con base de glutamato monosódico ni ningún otro tipo de alérgeno, por supuesto que se puede acudir o elegir un plato que se sepa a ciencia cierta que no los contiene.
No es difícil comprender por qué un miembro (extremidad) nos duele tras un esguince. Probablemente vayamos al médico. El tratamiento consistirá en la inmovilización del miembro y, seguramente, se aplique hielo o algún tipo de crema. El cuerpo es capaz de aliviar por sí mismo estos dolores agudos.
Sin embargo, en los dolores crónicos el cuerpo se niega. Ya no es capaz de aliviarse a sí mismo. Los pacientes con dolores crónicos suelen mencionar un dolor específico como el primer causante. Pero el estrés físico agudo no provoca dolores crónicos, solo agrava el estado de ese dolor. Por lo tanto, es importante aclarar las siguientes cuestiones:
Los médicos tratan de localizar el dolor y de descubrir qué les ocurre a los tejidos afectados. Tras varias pruebas, lo habitual es que se le pueda poner nombre al problema. A esto le sigue un tratamiento farmacológico o, en casos especiales, la cirugía.
La mayor parte de las personas que toman medicamentos de forma habitual han advertido por ellos mismos que este solo les funciona durante un tiempo determinado. Después, deben probar con otro medicamento o, al menos, aumentar la dosis del actual. Casi parece que, para tratar un dolor crónico, hay que tener un tratamiento crónico.
Cada estímulo desencadena una respuesta, es decir, un «estrés» (enlace en inglés).
Los dolores crónicos suelen producirse por la acumulación de estos tres tipos de estresores, siendo el estrés químico el que más contribuye. El estrés químico lo causa la exposición a alérgenos potenciales, toxinas y gérmenes.
Gracias a sus estudios con ratas, el doctor en medicina Hans Selye descubrió a principios del siglo XX el síndrome de adaptación (enlace en alemán). Dejó que las ratas se dividieran en cuatro grupos. Colocó a cada grupo bajo un tipo diferente de estrés: uno, con estrés químico, otro, con estrés físico, un tercero con estrés mental y al último no le aplicó ningún tipo de estrés.
Los dolores los causan las reacciones inflamatorias. El dolor agudo desaparece cuando se elimina la causa de la inflamación. Unos zapatos de trabajo apretados pueden producir ampollas que se inflaman y duelen. Si se quita los zapatos, se reduce el estrés físico (menos presión) en los pies y el dolor remite poco a poco.
El dolor crónico se produce cuando el motivo de la inflamación persiste. Mientras los factores de estrés que afectan a nuestro cuerpo continúen, no se podrá recuperar. Por eso es importante eliminar todos los factores de estrés.
Según el autor, uno se puede apoyar en los medicamentos para su curación, siempre y cuando se tenga en cuenta que son potencialmente tóxicos y que dañan nuestro cuerpo. A menudo, los tratamientos farmacológicos enmascaran los síntomas y provocan otros problemas de salud (efectos secundarios). Algunos medicamentos son los responsables de los dolores crónicos.
El doctor Daniel A. Twogood opina que la medicina de hoy en día podría ser más efectiva en determinadas áreas y escribe: los médicos confían demasiado en los medicamentos y raramente tienen en cuenta la nutrición
. (pág. 68)
A partir de la página 73, el autor explica más detalladamente por qué los productos lácteos son el origen de la mayor parte de los dolores crónicos.
En este caso, menciona al doctor en medicina Marshall Mandell, que publicó en 1975 un libro sobre la relación entre los hábitos alimenticios y las enfermedades. El prólogo lo escribió el doctor en medicina Abrahm Hoffer, un psiquiatra que aprendió mucho a través del libro y que quiso confirmar su efectividad.
Este a su vez menciona al doctor William Philpott, psiquiatra ortomolecular que obtuvo resultados similares. La psiquiatría ortomolecular es controvertida, tanto en Europa como en Estados Unidos: la psiquiatría clásica la rechaza. Sin embargo, estos doctores describen casos concretos y muestran cómo la dieta puede provocar enfermedades. Por ejemplo, hay 160 experimentos en los que el ayuno ha dado buenos resultados.
El doctor en medicina Robert Foreman escribió en 1984 un libro que ponía el foco en la leche y en los productos lácteos como causantes de distintas alergias. Sin embargo, podemos encontrar ejemplos de este tipo que se remontan hasta 1939: Jethro Kloss escribió en su libro «Back to Eden»: La leche de vaca no es apta para el consumo humano. La mitad de los enfermos del mundo padecen dispepsia y no deberían tomar leche
.
También demostró que incluso el dolor de cabeza podía deberse en muchas ocasiones al consumo de leche.
Ya en 1939, Jethro Kloss recomendaba en «Back to Eden» no consumir leche. Una lectora decía al respecto: «Sin embargo, creo que para aprovechar mejor el libro de Kloss hay que encontrar el que publicó en vida. Algunas de las revisiones que se han hecho son lamentables».
El doctor en medicina John McDougall es, probablemente, uno de los detractores del consumo de leche y productos lácteos más conocidos y considera que es el más perjudicial de los cuatro grupos de alimentos tradicionales
.
El doctor en medicina Kurt Oster y el profesor de biología y doctor Donald J. Ross (doctorado 1928-2008) llegó a escribir en su libro «XO Factor»: La influencia maligna del consumo habitual de leche homogeneizada que contiene xantina oxidasa activa es, en mi opinión, un peligro para la salud mayor que el de los cigarrillos
. (pág. 75)
El doctor Twogood menciona también dos libros cuya reseña encontrará en nuestra página: «¡Ojo! ¡No te bebas la leche», del doctor en medicina Frank Oski, y «Milk The Deadly Poison», de Robert Cohen. Dado ya hemos mencionado el tema de la leche en otras ocasiones y otros libros, y de forma aún más completa en la reseña «¡Leche mejor no! de Maria Rollinger», no compartiremos aquí algunos de los detalles más interesantes.
Las enfermedades autoinmunes también se tratan en este libro, ya que los perjudicados, al igual que sucede con las enfermedades crónicas, tienen poca esperanza de mejora. Por definición, una enfermedad autoinmune es una reacción excesiva del sistema inmune al tejido endógeno. El doctor Daniel A. Twogood contradice esta definición, pues opina que reaccionamos a los alérgenos que consumimos, inhalamos o absorbemos a través de la piel.
Dichas reacciones pueden deberse a una susceptibilidad genética.
En este capítulo hay varias afirmaciones que ya habíamos tratado en su otro libro (véase más arriba).
En este caso, el doctor Twogood no solo describe numerosos casos concretos, sino que también cita estudios científicos como, por ejemplo, el de Robbins (1383) sobre la esclerosis múltiple (esclerosis múltiple, MS) (pág. 118) y el párkinson (pág. 119). Sin embargo, de los estudios científicos faltan las fuentes. Solo nos queda suponer que «Robbins 1383» se refiere a, por ejemplo, Paul D. Robbins.
Sobre el problema del gluten, aporta una teoría de Al Gore que este publicó en su libro «Earth in Balance» en 1986. Gore afirmaba que los indios, que se alimentaban de forma completamente diferente, ya tenían una civilización muy avanzada cuando Europa todavía se encontraba sumida en la más profunda oscuridad de la Edad Media. Por supuesto, Europa ya contaba con edificios magníficos, pero se encontraba en una «edad oscura» en el plano social.
Hubo que esperar a que llegaran a Europa las solanáceas, junto con otros vegetales comestibles como el tomate (primero en el sur), las patatas (en el norte), o los pimientos, entre otros, para que comenzásemos a desarrollar una sociedad compleja, avanzada y tecnológica.
Esta afirmación deriva de la teoría que la nutricionista Anemarie Colbin (1941-2015, doctora, que en realidad se llamaba Annemarie), entre otros, sostuvo de que las solanáceas favorecían el pensamiento abstracto.
Su último libro se titula «The Whole-Food Guide to Strong Bones - A Holistic Approach» (2009). Todos los miembros de su familia fallecieron muy jóvenes, pero su publicación «Your Genes Are Not Your Destiny!» no pudo evitar que sufriese una apoplejía cerebral debido a la alta presión arterial, seguramente congénita, que padecía.
De todos modos, el autor hace hincapié en que los cereales originales de Mesopotamia, que hoy en día comemos en exceso y que nosotros alteramos genéticamente, primero por cultivo y después por irradiación, contienen mucho más gluten que en el pasado. Así pues, la intolerancia al gluten es cuatro veces más habitual ahora que en 1950.
El profesor y doctor Norman Ernest Borlaug (1914-2009) empleó rayos X y gamma para realizar cambios genéticos que aumentasen el rendimiento. Norman Borlaug recibió por ello el Premio Nobel de la Paz en 1970.
Algo así sucede con el descubrimiento que realizó Alexander Fleming (1881-1955) en 1928, la penicilina, que tanto bien hace a algunos y que puede ser potencialmente mortal para otros.
Fleming también descubrió la lisozima, una enzima con importantes propiedades antibacterianas y que se encuentra en diferentes secreciones corporales, como las lágrimas o la saliva.
A partir de la página 99, el doctor Twogood vuelve a traer a colación el capítulo cinco sobre el glutamato monosódico como neurotoxina. En el capítulo sexto, trata el origen de los dolores de cabeza debido a la exposición (ingesta) o desintoxicación (abstinencia) de determinadas sustancias, como la caseína, el chocolate, el glutamato, el aspartamo o la cafeína. Estas afirmaciones ya las hemos comentado en otros libros.
Las enfermedades autoinmunes son el tema principal del capítulo siete: se queja de que estas enfermedades no se comprenden y que todavía no se combaten a través de la nutrición. Cita del libro de Stephen P. Robbins, «Pathological! Basis of Disease», 7ª edición, de 2005.
Hoy, ese trabajo de Robbins & Cotran se conoce como «Pathologic Basis of Disease». La 4ª edición (1989) sí que se llama «Robbins' Pathologic Basis of Disease» y comprende casi 1519 páginas. Aquí puede verlo completo en PDF. El documento, que pesa 54 MB, también se puede descargar.
Aunque las causas de la artritis reumatoide (AR) siguen siendo desconocidas, la autoinmunidad desempeña un papel fundamental en la cronicidad y en la progresión
. (Robbins 1305)
Se cree que la AR es una enfermedad autoinmune provocada por la exposición de una persona genéticamente susceptible a un antígeno artritogénico desconocido. La reacción autoinmune continuada, junto con la activación de los linfocitos T colaboradores y de otros linfocitos, así como la liberación local de mediadores inflamatorios y citocinas es lo que, en última instancia, destruye la articulación
Por lo tanto, las consideraciones más importantes en la patogenia de la enfermedad son (1) la naturaleza de la reacción autoinmune, (2) los mediadores de la lesión tisular, (3) la susceptibilidad genética y (4) el antígeno(s) artritogénico. Hablaremos sobre lo que se conoce de cada uno de ellos.
Estos son algunos párrafos sobre la artritis reumatoide. También hay citas sobre la diabetes de tipo 1 y sobre LES, es decir, sobre el lupus eritematoso (enrojecimiento en forma de mariposa).
El doctor Twogood expresa lacónicamente que los antígenos desconocidos son los alérgenos alimentarios
. No será tan sencillo.
Con la diabetes como palabra clave, habla sobre el doctor William Philpot (1919-2009), que en realidad se llama William H. Philpott y se dedica más bien a las resonancias magnéticas.
Supone que esto también se debe a un alérgeno. Ha escrito libros como «Brain Allergies» o «Victory Over Diabetes».
Lo que sigue a continuación son repeticiones, profundizaciones o experiencias (págs. 135-153) que no entraremos a valorar.
Encontrará algunas páginas del libro del doctor Twogood en Google.
Titel | Chronic Pain Gone 90 Days |
Untertitel | Ten Steps! How to eliminate the pain of Arthritis, Headaches, Fibromyalgia, Back Pain, Neck Pain, Joint Pain, Carpal tunnel Syndrome etc. |
Autor(en) | Dr. Daniel Twogood |
Verlag | Wilhelmina Books, Apple Valley, California, USA |
Erscheinung | 2011 |
Seiten | 194 |
ISBN | 978-0-9631125-4-5 |
Bemerkung | Véase también la reseña de su libro No Milk (¡Leche no!) |
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